Educar por el Movimiento

Martha Elena Welsh

Es muy interesante como las experiencias que podemos reflexionar acerca de los procesos de enseñanza y formación dancística - y no hay razón de excluir otros procesos formativos - nos revelan la gran necesidad que hay de incorporar la experiencia corporal integrada a la conciencia de vivir más plenamente.

El conocer el funcionamiento de nuestro organismo en sus diferentes sistemas y funcionalidad nos debe hacer reflexionar como educadores artísticos lo que implica en su dimensión expresiva, - dualidad función-expresión, adentro-afuera- , que si sabemos entender, más allá de simplemente conocer, interpretar lo que significa para el desarrollo del ser humano, se potencializan los procesos formativos. Esto, desde luego, sin dejar de tomar en cuenta los contextos y características particulares de cada experiencia de los diferentes procesos de enseñanza aprendizaje. Comprender la manera en la que funciona el sistema neuromotor y su relación con el entorno, lo que provoca una u otra experiencia dentro de un proceso formativo en cada persona a nivel anímico, emocional, marca la diferencia de la calidad de aprendizajes. La posibilidad de hacer relaciones cognitivas más eficientes e integrales durante las experiencias educativas, es decir, que las elecciones que se toman para las acciones a desempeñar estén impregnadas de conciencia y sentido, ayudan a desarrollarnos más plenamente, nos acerca a la experiencia del cuerpo vivido, a la experiencia somática como parte de una metodología para la enseñanza. Por eso insisto en que esta manera de entender los procesos cognitivos y experienciales es una perspectiva de acercamiento muy enriquecedora para cualquier ámbito que involucre experiencias de aprendizaje. Es otra manera de entender el movimiento en muchos sentidos desde una perspectiva diferente a la tradicional. Nos vincula con nuestro ser en pleno y eso otorga significación a nuestro movimiento, más allá de sólo lo corporal o físico. Nos involucra con lo que somos desde el pasado y hacia el futuro. En tanto comprendamos que nuestras acciones son todo un conjunto de conexiones y procesos a nivel cerebral que involucra el entorno con lo que somos, percibimos, sentimos, recordamos, aprendemos, relacionamos, que todo esto genera “códigos” únicos de movimiento y que esos códigos pueden ser redireccionados si observamos, reflexionamos y concientizamos las acciones, entonces nos acercamos a procesos más cercanos y empáticos para relacionarnos tanto en la enseñanza como en la acción escénica y en la vida diaria para un bienestar integral importante para una vida más plena.